Compartiendo el caso clínico más interesante
Caso más interesante según mi percepción.
Parasomnia a través de terrores nocturnos.
Este caso
lo obtengo de un caso clínico tratado en el Hospital Universitario La Paz de
Madrid, España referente a un “Niño de 3 años y medio con terrores nocturnos de
repetición”, el cual describiré a continuación de forma estructurada:
Historial
clínico.
Varón de
3,5 años remitido por su pediatra por terrores nocturnos, insomnio y cambios de
carácter, irritabilidad e hiperactividad. Dos meses antes había comenzado a
presentar, 1-2 horas tras el inicio del sueño, unos episodios consistentes en
despertar brusco, agitación, cambios posturales, quejido o grito, con sensación
de terror inconsolable, no siendo capaz de reconocer a los padres.
La
duración de los episodios era de 1-2 minutos, y a la mañana siguiente no
recordaba nada. Estos episodios son cada vez más frecuentes, suele repetirlos
varias veces cada noche y con la evolución se presentan casi todos los días.
Desde el inicio de este cuadro los padres notan cambios en su conducta con
hiperactividad y llanto inmotivado. No se observa sonambulismo ni otros
síntomas neurológicos.
Su
pediatra lo diagnosticó de terrores nocturnos, indicando un tratamiento con 8
gotas de un neuroléptico (alimemazina) al acostarse. Este tratamiento no fue
efectivo, aumentando incluso la frecuencia de los episodios, por lo que es
remitido a nuestra consulta para su valoración.
El
paciente es el segundo hijo de padres sanos de 30 años. Tiene un hermano sano
de 4 años. No existen antecedentes familiares de epilepsia, salvo un primo con
convulsiones febriles. El embarazo fue normal. El parto fue a término a las 40
semanas nacido por cesárea por no progresión. No hubo hipoxia. El peso al
nacimiento fue de 3.200 g y el test de Apgar fue de 8/10. Su desarrollo
psicomotor ha estado dentro de los parámetros normales. Presentó un reflujo
gastroesofágico los primeros meses de vida que se resolvió con tratamiento y
medidas posturales.
En la
exploración física el niño tenía un peso, talla y perímetro cefálico en el
percentil 50 y no mostraba alteraciones significativas. La exploración
neurológica era normal incluido el fondo de ojo.
Diagnóstico.
La
sintomatología que presenta este paciente sugiere, en primer lugar, que se trate
de terrores nocturnos. La edad de presentación, las características del cuadro
y la alta prevalencia de la entidad a esta edad sugieren este diagnóstico. Otro
diagnóstico posible son las pesadillas y los despertares nocturnos incompletos.
La posibilidad de tratarse de crisis epilépticas es otra alternativa posible.
Finalmente, las alteraciones de conducta que presenta el niño desde que se
inició el cuadro podrían estar en relación con la mala higiene de sueño.
Diagnóstico
diferencial.
Pensamos que
el paciente presenta dos procesos asociados. Una parasomnia (despertares
nocturnos incompletos) y una epilepsia del lóbulo frontal nocturna autosómica
dominante (ELFNAD). La edad del paciente, la normalidad de la evolución
psicomotriz y de la exploración neurológica, la normalidad del EEG en vigilia y
de la neuroimagen, las características de los episodios, duración y alta
repetición, el correlato EEG-clínico muy compatible y el que los eventos fuesen
solo nocturnos nos hace confirmar este tipo de síndrome epiléptico.
Diagnóstico
diferencial entre parasomnias y epilepsia lóbulo frontal nocturna Parasomnias*
ELFN
Edad de inicio. Infancia. Infancia y adolescencia.
Antecedentes
familiares 60-90%. 10-40%.
Episodios
por noche. 1-2 3 o más.
Episodios
al mes. < 1-3. 20-40.
Curso
clínico. Desaparición en la adolescencia. Estable.
Duración
del episodio. Segundos-30 minutos. Segundos-3 minutos.
Semiología
del evento. Variable, no estereotipado. Muy estereotipado y variable.
EEG
intercrítico. Normal. Normal.
EEG ictal.
No actividad epileptiforme. Actividad epileptiforme o desincronización frontal.
A veces normal u ocultado por artefactos de movimiento.
Momento
de aparición. Al inicio del sueño. Primeros 30-60 minutos Cualquier momento.
Fase de
sueño en que aparece. 3-4 no REM. 2 no REM.
Evaluación.
Al
paciente se le realizaron las siguientes pruebas:
Trazado
normal del electroencefalograma (EEG) nocturno en fase 2 de sueño no REM que
muestra los grafoelementos característicos de esta fase (husos de sueño).
Mientras
se realizaba el estudio, a los padres se les solicitó un vídeo doméstico donde
se registrase alguno de los episodios, que no pudieron aportar. La presencia
casi diaria de estos eventos nocturnos y el empeoramiento de los mismos cuando
se asoció un neuroléptico hacía necesario descartar que se tratase de una
epilepsia. Con este fin se realizó un electroencefalograma (EEG) en vigilia y
de sueño espontáneo diurno de 2 horas de duración que fue normal. Durante el
registro el niño no presentó ningún episodio de los descritos.
La prueba diagnóstica considerada como patrón oro en los trastornos motores
paroxísticos en el sueño es la monitorización vídeo-EEG o el
vídeo-EEG/polisomnografía. Este se llevó a cabo a lo largo de 7 horas y 44
minutos. En vigilia presentaba una actividad normal. Durante el sueño se
registran 3 ciclos de sueño no REM-REM, bien representados los grafoelementos
específicos de dichas fases. La arquitectura del mismo está mal estructurada
por un incremento de la vigilia intrasueño en fases 1, 3 y 4 no REM. Había
escaso porcentaje de fase 2 no REM y de REM.
Se
registraron 7 parasomnias de hasta 40 segundos de duración, todas en fase 3-4
no REM que condicionan el aligeramiento o no del sueño y consistentes en
cambios posturales, agitación o quejidos. Por otra parte, se registran al menos
16 episodios estereotipados que se caracterizan por la aparición brusca de una
actividad theta rítmica de morfología aguda, de hasta 110 μV, iniciada en ambas
regiones frontales y con difusión a regiones adyacentes (fig. 2). Duran de 3 a
15 segundos. En algunas de ellas no se observan manifestaciones clínicas, pero
en las de mayor duración se constatan movimientos estereotipados de apertura de
boca con algún movimiento masticatorio o de chupeteo, extensión de brazos y
manos, ligera agitación y sonidos guturales. Esta actividad cesa de forma
brusca sin lentificación ni cambio de la fase de sueño. Se acompañan de
taquicardia de hasta 178 l.p.m.
Trazado
electroencefalográfico en fase 4 no REM que muestra una actividad epileptiforme
theta rítmica de morfología aguda de hasta 110 𝛍V, iniciada en ambas regiones frontales y con
difusión a regiones adyacentes.
La
resonancia magnética (RM) cerebral fue normal.
Tratamiento
seleccionado.
Calmar a
la familia, además de carbamacepina (CBZ), oxcarbacepina (OXC) y zonisamida
(ZNS).
Evolución
del trastorno.
En este
paciente se inició un tratamiento con OXC en dosis de 30 mg/kg/día en escalada
lenta. Presentó una buena tolerancia sin efectos secundarios. Se observó una
progresiva desaparición de los episodios paroxísticos nocturnos, así como una
desaparición del insomnio y de la hiperactividad. El paciente no ha vuelto a
presentar nuevas crisis.
Protocolo de tratamiento.
Información documentada.
Según la
página Mayo Clinic en su artículo Miedos del sueño
(terrores nocturnos), se menciona que por lo general, no hace falta
ningún tratamiento para los terrores nocturnos.
Si los
terrores nocturnos derivan en posibles lesiones, resultan perturbadores para
los miembros de la familia u ocasionan vergüenza o interrupción del sueño para
la persona que los padece, se podría requerir tratamiento. En general, el
tratamiento se centra en promover la seguridad y eliminar las causas o los
desencadenantes.
Entre las
opciones de tratamiento se encuentran:
Tratar
las afecciones no diagnosticadas. Si los terrores nocturnos están
relacionados con una afección médica o mental no diagnosticada o con otro
trastorno del sueño, como apnea obstructiva del sueño, el tratamiento debe
apuntar al problema de fondo.
Tratar el
estrés. Si el estrés o la ansiedad parecen contribuir al desarrollo de los
terrores nocturnos, el médico puede sugerir una reunión con un terapeuta o
consejero. La terapia cognitiva conductual, la hipnosis, la
biorretroalimentación o la terapia de relajación pueden ser útiles.
Despertar
anticipado. Supone despertar a la persona que tiene terrores nocturnos
unos 15 minutos antes del momento en el que suelen ocurrir. Luego, la
persona permanece despierta unos minutos antes de volverse a dormir.
Medicamentos. Es
poco frecuente que se utilicen medicamentos para tratar los terrores nocturnos,
en particular en el caso de los niños. Sin embargo, si es necesario, el uso de
benzodiacepinas o ciertos antidepresivos puede ser eficaz.
Duerme
bien. La fatiga puede contribuir a causar los terrores nocturnos. Si estás
con falta de sueño, prueba irte a dormir más temprano y establece un horario
más regular para dormir. A veces, es útil hacer una siesta breve. En lo
posible, evita los ruidos a la hora de dormir u otros estímulos que podrían
alterar el sueño.
Fija una
rutina regular y relajante para antes de irte a dormir. Realiza actividades
tranquilas y que te calmen, como leer libros, resolver rompecabezas o tomar un
baño tibio antes de irte a dormir. Los ejercicios de meditación o relajación
también pueden ayudar. Haz que la habitación sea un lugar cómodo y tranquilo
para dormir.
Toma
medidas de seguridad en tu entorno. Para evitar lesiones, cierra y traba
todas las ventanas y puertas exteriores por la noche. Incluso podrías trabar
las puertas interiores o colocar alarmas o campanillas en ellas. Bloquea los
portales o escaleras con una reja o una puerta de seguridad, y corre los cables
eléctricos u otros objetos que representen un peligro de tropiezo. Evita usar
literas. Coloca los objetos filosos o frágiles fuera del alcance y guarda las
armas bajo llave.
Controla
el estrés. Identifica las cuestiones que te provocan estrés y piensa en
posibles maneras de afrontarlo. Si tu hijo parece ansioso o estresado, habla
con él acerca de qué lo perturba. Un profesional de salud mental puede ser de
ayuda.
Reconfórtalo. Si
tu hijo tiene un episodio de terror nocturno, considera simplemente esperar
hasta que desaparezca. Observarlo puede ser angustiante, pero el niño no saldrá
lastimado. Podrías abrazar y calmar suavemente a tu hijo, e intentar llevarlo
de nuevo a la cama. Háblale con suavidad y con calma. Sacudir al niño o gritar
podría empeorar la situación. Por lo general, el episodio se detendrá solo en
poco tiempo.
Busca un
patrón. Si tu hijo tiene terrores nocturnos, lleva un registro diario del
sueño. Durante varias noches, toma nota del tiempo que transcurre desde que se
va a dormir hasta que se produce el episodio de terror nocturno. Si el tiempo
es bastante similar, despertarte antes de un episodio puede ser útil.
Conclusión acerca de las estrategias que tú
llevarías a cabo en caso de ser el psicólogo que se encargue de dicho
tratamiento.
En lo
personal me siento conforme con lo que se señala en el tratamiento señalado en
los párrafos anteriores. Especialmente con lo relacionado a lo que excluye la
medicación, es decir, darle énfasis a dormir bien, establecer actividades
relajantes, evitar estímulos o desencadenantes de estrés así como generarle
amor, comprensión y confianza al niño que lo padece.
Además de
lo expresado con anterioridad si me pondría a indagar más con técnicas de juego
para revisar si existen más elementos resguardados en el inconsciente del niño,
es posible que esté presente información que desencadenen estos terrores y que
aunque con el medicamento como en el caso presentado se eliminaron, es posible
que solo haya sido el síntoma más no la causa.
Muchas veces
si la raíz viene de una experiencia traumática y se elimina o inhibe un síntoma
como en este caso la manifestación de los terrores nocturnos el sujeto puede
presentar nuevos síntomas que encausen la ansiedad generada por esta
información alojada producto de su vivencia.
Por lo
anterior me permitiría haces estas revisiones, además veo muy conveniente analizar
el trato que tienen los padres y personas cercanas al niño con la finalidad si
no existe por ahí alguna disfuncionalidad que ocasiones cierto temor en el niño
que derive en los sueños terroríficos.
Parte de
mi tratamiento sería conducir lo más cercano posible a los padres y adultos
alrededor del niño que se conduzcan con asertividad hacia él, y que eviten en
la mayor medida la hostilidad y la indiferencia que son sumamente dañinos para
los niños sobre todo a edades muy tempranas.
El amor incondicional
desde mi punto de vista es la medicina más eficaz ante muchas de las
manifestaciones más disfuncionales que un ser humano suele expresar tanto en la
vida adulta y por ende en la niñez.
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